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martes, 9 de febrero de 2016

EL DETALLE Y LA PRECISIÓN EN EL DISEÑO DE LOS PLANOS



    Cualquier levantamiento topográfico del interior de un edificio, requiere de un nivel de detalle y precisión que sólo un profesional cualificado y con experiencia puede proporcionar.
     A continuación, describiré uno de los trabajos con las características antes mencionadas. En concreto un convento catalogado como edificio histórico del s. XV sin uso en nuestros días, sobre el que se proyectará un hotel.

       Formar parte de este proyecto fue fantástico; pensar que nuestros planos servirían de base para dar vida a un edificio abandonado hacía tiempo por las monjas, nos hacía partícipes del renacer de este lugar .






    Comenzamos nuestro trabajo desplazándonos a la zona de estudio y organizando el desarrollo de la toma de datos en campo. Días de verano de sol a sol que nos esperan, indispensables para medir íntegramente.

      Ante nosotros, se erige un edificio de más de 1500 m2 en planta, distribuido en 3 niveles a diferentes alturas, incluyendo otro nivel bajo parcialmente soterrado de menor superficie.

      La distribución en su conjunto se puede resumir de la siguiente forma:

-               *  Planta baja y sótano compuestos por la zona de recreo, oración y lugar de reunión de las mojas: patio central con arcadas, aparcamiento, cementerio privado, iglesia, coro, comedor, salas de reuniones, cocina comunitaria, despensa y patios interiores con fuentes. En la parte soterrada, de menor tamaño, se encuentra la zona de visita y estancia de los familiares de las monjas.




-                    *  Planta primera, compuesta por las instalaciones de un pequeño hospital para los más necesitadas, cocina privada, celdas de las monjas, biblioteca, salas sin función definida y galería arcada alrededor del patio central.



      *Segunda planta compuesta por salas de usos varios y terrazas exteriores.




    En total se tomaron medidas 3500 puntos, unidos por las 63 bases materializadas en cada una de las zonas y estancias.

    La complejidad que existía en esta edificación, no sólo residía en las irregularidades de los espesores de muros, sino además, en las múltiples ampliaciones realizadas sin proyecto ni dirección a lo largo de los siglos; había que medir cada rincón, quiebro, escaleras, pasillos, pilares y vigas. Un trabajo complejo tanto en campo como en gabinete.

   En este tipo de proyecto, los croquis son imprescindibles, además de llevar una exhaustiva codificación que aclare en todo momento los datos medidos.

   También realizamos los levantamientos y perfiles longitudinales de fachada en su perímetro. Obsérvese el gran desnivel existente en las calles que lo rodeaban:







  
   Un edificio cargado de emociones vividas por las monjas, los enfermos y sus familiares, ahora desamparado, descuidado y lúgubre.

   Ventanas que se abrían y cerraban golpeadas por el viento, pájaros muertos por falta de comida, encerrados sin saberlo en alguna habitación húmeda y desierta. Murciélagos acompañándonos en la caída del día y nuestras voces vagando en habitaciones vacías, huecas, sin vida. 
   
     Un riesgo para la salud no conocido pero presente en edificios de estas características es la Leptospirosis, consistente en una infección transmitida por la orina y heces de ratas, ratones, palomas y otros animales que generan un cuadro clínico en las personas contaminadas similar a una gripe, con fiebre alta, escalofríos, sudoración, dolores lumbares y musculares. Cito esto porque desgraciadamente fuimos víctimas de todo ello por la nula ventilación de una de las salas.

   Días de verano que formaron parte del renacer de un edificio apagado por el tiempo.




     




viernes, 3 de agosto de 2012

UNA HISTORIA PARA CONTAR EN DÍAS DE TORMENTA:


   En algunas ocasiones surgen trabajos que van más allá de lo estrictamente técnico. Las especiales características de la zona o de la edificación, nos brindan la oportunidad no sólo de adquirir experiencias profesionales sino además vivir pequeñas aventuras.

   Nuestra historia comienza con los primeros tonos del otoño y los últimos coletazos de un verano seco y caluroso que se negaba a dejarnos. En una época relativamente tranquila en el terreno laborar, en la que solemos organizar y dar nuevas perspectivas a los proyectos de futuro, fuimos contratados para proceder al levantamiento y diseño de los planos actuales de un convento del S. XV.

   Emplazado en una pequeña localidad del interior de España con importante patrimonio histórico, el convento con sus imponentes muros protegían el interior como si de una fortaleza se tratase, evitando miradas curiosas que hacían mucho más enigmático el lugar.

   Tuvimos la oportunidad de recorrer todas las dependencias, distribuidas en tres plantas, un semisótano y una iglesia de gran superficie y hermoso contenido. Un antiguo hospital, amplia cocina y … los nichos vacíos de un cementerio, que hasta no hacía mucho, contenía los restos de las monjas fallecidas allí. Introducirnos con flexómetro en mano, no resultó nada agradable.

   Un entorno ideal para dejar correr la imaginación. A la media hora de comenzar a trabajar, la estación total dejó de medir. Una avería que no se pudo solventar y que requirió la sustitución y reorganización de todo nuestro trabajo.


 
   El diseño de los planos del edificio presentó bastante dificultad técnica. Las innumerables ampliaciones y reformas efectuadas sin rigor técnico alguno, definían un entramado de construcciones con muchísimos recovecos sin homogeneidad, ni lógica. Sencillamente durante siglos, las monjas habían efectuado los cambios que habían considerado oportuno sin tener en cuenta la visión de conjunto.

 
   La soledad se palpaba en el ambiente. Telarañas que cubrían zonas abandonadas años atrás, esqueletos de palomas, salas en completa oscuridad, murciélagos… No apto para topógrafos susceptibles o miedosos.

   Éramos los únicos que habíamos irrumpido en el lugar después de años cerrado, abandonado. Durante una semana, junto a mi ayudante, permanecimos en completa soledad recorriendo el interior de este edificio, representando cada rincón con los miles de puntos que conformarían las plantas y los alzados de aquel misterioso espacio. 

   Dejamos para el final la zona subterránea. Un área que durante un día entero estuvo aireándose. Aún así el olor nauseabundo de excrementos de animales varios, la humedad ambiental y la aportación de las cañerías, apenas se había reducido. Bromeamos comparándolo con la maldición de las pirámides y tumbas de los faraones, sin saber que tendrían algo en común. 

   Finalizado nuestro trabajo de campo, de regreso a Málaga, comenzamos a sentirnos mal: dolor de estómago y náuseas que desembocó en una gastroenteritis obligándonos a permanecer 3 días inmovilizados (vómitos, diarreas y algunas décimas de fiebre).

 
   Una vez recuperado el ánimo, comencé a estructurar el trabajo de oficina, volcando las fotografías tomadas para recordar todos los detalles.

   Observando una por una, encontré algo que me llamó la atención: en algunas de las dependencias del convento se podían apreciar puntos blancos con forma redonda.

   Movida por la curiosidad, busqué en nuestra gran enciclopedia del s. XXI, internet y encontré algo que me dejó trastocada. Expertos en temas paranormales llaman a estos puntos blancos, “orbes o esferas de luz” y según ellos, representan el cuerpo extenso, material, semimaterial o energético del espíritu de una persona fallecida. Tal vez fuesen simples motas de polvo que reflejaran la luz, quién sabe.

   Avería de la estación total, gastroenteritis, motas de luz en algunas dependencias… Muchas casualidades o causalidades, depende cómo se mire.

   Sobrevivimos sin secuelas y con una historia para contar.

 
Nota: las fotos no se corresponden con el relato narrado. Discreción profesional.